20.9.12

Fragmento del diario de Lanford Stacy


Ponteland, 18 de noviembre de 1947



"Mi deseo de vivir es mucho más grande que mi deseo de escribir, pero mi necesidad de escribir se alimenta de mi deseo de vivir como un monstruo. Entre más quiero amar y ser amado, más me encierro en mí mismo; entre más quiero salir a explorar el mundo, más me aíslo a merced de la pluma y el papel. "




Una de las cosas que estremece de estas líneas del diario de Lanford Stacy, escritas pocos meses antes de su muerte, es saber que ha sido olvidado por completo porque, a decir verdad, era un escritor mediocre tirándole a malo. Dedicó todos sus años a una actividad francamente estéril para la cual no tenía ni una pizca de talento. Es decir, que no vivió en vano. Me pregunto qué habría pasado si hubiera explorado el mundo como tanto quería. Si hubiera salido un poco más, hablado un poco más, experimentado un poco más. Si hubiera conocido el Sena. Si se hubiera acostado con Margaret. Si hubiera visto más cosas, más personas. Pienso que eso tal vez habría enriquecido su arte, que era tan aburrido y repetitivo. Pero lo más probable es que no. Carecía de la esponja, del gen, del ojo. De todo lo que importa.

Y sin embargo, ¿realmente no vivió Lanford Stacy? ¿Podemos decir que no vivió Lanford Stacy? ¿Dedicarse por completo a una cosa es no vivir? Es discutible. Me parece que no vivió la vida que quería, pero sí la única que pudo vivir. Su desgracia fue creer que tenía elección. La verdad es que siempre estuvo condenado a ser él mismo. No es que la vida estuviera en otra parte. La vida está en todas partes. Es que él solo podía estar en una parte: en su cabeza.

Lo conocí gracias a un amigo bibliotecario, famoso en el barrio por su afición a los escritores oscuros y desconocidos. Una especie de coleccionista de polvo literario. Compró todos sus libros por un precio ínfimo en su viaje a Inglaterra, aparentemente en la venta de garage de un anciano que le aseguró que no los conseguiría en ninguna otra parte. Emocionado, empezó a leer uno de los libros esa misma noche, pero quedó profundamente decepcionado. Lo que hay que recalcar es que lo leyó completo, al igual que el resto de los libros.

Yo, que suelo abandonar de inmediato cualquier libro que me aburra, también los leí todos. Mi amigo y yo lo explicamos diciendo que es un aburrimiento adictivo. Un aburrimiento de muerte, una experiencia frustrante que te pone de malas, pero que aguantas hasta el final porque necesitas llegar hasta el final. Y el final resulta de lo más flojo y gris, claro. Justo como esperabas.

Lanford Stacy me deja dos cosas: en primer lugar, un montón de pena ajena; en segundo, un recordatorio, el recordatorio de que puedes dedicarte toda tu vida, día y noche, a algo, y aún así nunca llegar a ser bueno. Es la realidad para la mayoría de la gente, dedíquese a lo que se dedique. Podría llegar a ser mi realidad y la de mi amigo bibliotecario. Morir sin haberlo logrado, después de todo. Pero la verdad es que Lanford Stacy también me deja una tercer cosa. Se trata de un sentimiento muy especial provocado por ese fragmento de su diario. Solo por ese fragmento de su diario. Hay algo en ese fragmento que me ahoga. Más de sesenta años después, al otro lado del mundo, algunas de sus líneas han tocado a una persona. ¿Realmente murió Lanford Stacy? ¿Podemos decir que Lanford Stacy ha muerto?

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